La espera

 In Nadia Soso | Mi Blog

Hemos visto en “Los Ciclos de la Vida” que la forma es receptiva y que en su receptividad está su dirección. Entonces es bastante fácil ver que la dirección correcta para ti se potencia a través de la espera porque sólo la espera da el espacio y tiempo que la vida requiere para atravesarte por el medio, ponerse justo donde tú estás para que pueda verla… y moverte. Esto, que suena muy bonito, es en realidad la verdad más obviada y arrasada por nuestra mente estratégica.

 

La Mente o Kōuji Kabuto (兜 甲児)

 

Kōuji Kabuto controla a Mazinger Z: por medio de comandos y palancas, le ordena que camine, lo pone a descansar, lo doblega a su voluntad y “¡puños fuera!”. Él tiene como objetivo salvar al mundo del malísimo Dr. Hell, sin embargo –y dejando los juicios morales de lado– si sus intenciones fueran las contrarias, el mecanismo sería el mismo: movilizar a un robot para conseguir una meta. Cierto es que el robot tiene forma, pero no tiene vida propia. Esa es la diferencia.

Nuestro cuerpo, coordinado por nuestro cerebro, es la vida y se desarrolla en ciclos hasta que muere. Digamos que el cuerpo juega de local, nace desde y en la Tierra, pertenece a la Tierra y se lo conoce todo; conoce todo lo que tiene que ver con la navegación de este plano (que es nuestra trayectoria; la línea continua que se va dibujando con nuestro movimiento a través del tiempo y del espacio).

 

 

La mente, en cambio, es un visitante que –ignorante de su verdadero propósito– siempre está buscando pilotar el cuerpo a su antojo tomando decisiones por nosotros y con ello controlando nuestro movimiento y nuestra dirección. La mente especula –mide, compara y elige– y decide que esto es mejor que aquello. Luego esboza una estrategia y activa los mecanismos de que dispone para que logremos
ser lo que no somos,
mejores de lo que somos,
más como se supone que tenemos que ser,
menos diferentes,
no únicos.

Pero el cuerpo se resiste e incluso en las raras ocasiones en que el resultado es exactamente el que se había previsto, experimentamos rabia, frustración, amargura o decepción. La mente detecta esa sensación y busca rápidamente en su limitado catálogo de estrategias una que la compense, promete felicidad y otra vez la burra al trigo.

 

De Mazinger a Passenger

 

La dualidad cuerpo-mente es nuestra realidad (que es una ilusión) y es inevitable. Somos duales, todo es dual, aceptémoslo.

El verdadero propósito de la mente es ser un pasajero, un observador que filtra todo lo que ve y no interviene en los asuntos. Como buen viajero se relaja, ve lo que hay a través de la ventana del vehículo que lo transporta (el cuerpo) y disfruta del paisaje… o no. En todo viaje hay tramos aburridos, desolados, tristes o lo que sea, pero son parte del viaje “¿Qué vamos a hacerle? ¡Ya pasará!” y sigue relajado en su asiento. ¿Qué tiene esto que ver con ir activando palanquitas y botoncitos a diestra y siniestra? Nada.

Rendirte al principio de tu forma es dejar que tu cuerpo decida por ti para llevarte a la vida que es correcta para ti y en la que sólo puedes ser tú mismo. Eso significa muchas cosas, por ejemplo, que estarás en el lugar correcto, haciendo lo que es correcto, relacionándote con las personas correctas PARA TI. Cuando te dejas de identificar con el afán mental de querer ser no sólo como todos, sino el más todo que todos, es cuando empiezas a diferenciarte, a vivir tu unicidad.

 

 

“Es simple, pero no es fácil” no se cansó de repetir Ra Uru Hu. No es complicado entender que el cuerpo tiene vida, inteligencia y autoridad para decidir, pero es difícil que la mente suelte los mandos y lo deje ser. Es necesario educarla.

 

¿Y dónde está el piloto?

 

Hasta ahora he explicado que el cuerpo es el vehículo, la mente el pasajero, pero… ¿Y el piloto?

¡Oh! El mago ilusionista que todo lo capta.

Es inevitable recurrir a la genial ilustración de Ra Uru Hu:

 

 

Encontrarás información mucho más detallada en “Introducción al Sistema de Diseño Humano”, aquí brevemente resumo que el Monopolo Magnético es el chofer, y se encuentra a la altura del esternón. En el cuerpo gráfico lo ubicamos en el Centro G, el centro de la identidad, el amor y la dirección. Su posición exacta está en la puerta 2: El Receptivo, la puerta del conocimiento superior.

Lo primero que vemos es que el chofer está en un lugar de receptividad y de conocimiento superior. Como su nombre lo indica, el Monopolo Magnético es un imán de un solo polo. Su función es captar todas las frecuencias del ser, es una conciencia holística de lo que sucede. El Monopolo capta la definición, la apertura y el condicionamiento, todo… Si esto no es conocimiento superior, ¿qué podría serlo?

Así llegamos al título de este artículo:

 

La espera

 

Dado que la mente de la vida controla bien poco, cuando decimos la palabra espera la mente entra en pánico. Dado que piensa que no tendrá nada que hacer, que es inútil o tonta, la mente dispara todo tipo de mecánicas para no perder el control. No, no es fácil educar a tu mente. Es un proceso que requiere mucha conciencia, disciplina y atención a tu propio proceso. Luego puedes ver que en realidad la espera es la vida misma, es la continuidad de la vida. Esperar no es parar, sino ir con la vida, en la vida.

Si tienes forma y estás vivo, la espera es tu estado natural. Todo se mueve todo el tiempo, todo cambia todo el tiempo. En esos cambios continuos la mente tiene mucho para ver, mucho para filtrar y procesar en su conciencia. La espera es no iniciar acciones estratégicas ni poner en marcha ciclos cuyo desarrollo ha sido razonado, preconcebido.

La espera es dejar que el chofer sentado en la receptividad del cuerpo capte la información en un nivel holístico y, desde su propia inteligencia, mueva el vehículo naturalmente hacia lo que le es correcto. Es necesario estar atento, con los ojos y todos los sentidos bien abiertos. En italiano la espera es l’attesa y tiene la misma raíz que attenzione. A mí me gusta más como palabra, es una de esas curiosidades de los idiomas… La espera ha de ser atenta, con presencia y conciencia. Si conoces tu diseño, tus mecánicas, entonces tendrás una clara noción de atenta a QUÉ.

Conoce tus mecánicas, sigue tu estrategia y honra tu autoridad interna. Tu verdad te está esperando.

 

 

Cada uno de los Cuatro Tipos tiene una estrategia para tomar decisiones (que ya sabemos que implican un movimiento) y cada estrategia conlleva “algo” de espera. Vamos a verlos de a uno. Empezaremos por la estrategia del Manifestador, te lo iré contando en próximas publicaciones, a mi ritmo.

Mientras tanto, la vida.

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Showing 2 comments
  • thomas
    Responder

    un articulo de la profe!

  • mariluz
    Responder

    la espera…

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