Los ciclos de la vida

 In Nadia Soso | Mi Blog

Un ciclo es una rueda, un período de tiempo que una vez acabado se vuelve a contar de nuevo; los ciclos son las fases por las que pasa un fenómeno periódico y un ciclo también es un conjunto de transformaciones por las que pasa un cuerpo hasta volver –transformado– al punto inicial (por así decirlo). Es así que una rueda es la forma más natural para representar gráficamente un ciclo. En Diseño Humano esta rueda se llama Mandala del RaveAlrededor de esta rueda se desarrollan los ciclos de la vida.

En ella se puede ver una rueda interna que está dividida en las 12 constelaciones astrológicas, siendo los signos los que nos indican la posición planetaria. La rueda externa está dividida en 64 particiones que se derivan de los 64 hexagramas del I-Ching a los que llamamos puertas.

 

El Mandala del Rave

 

En general decimos que el ciclo vital consta de cuatro fases: nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte. Estas cuatro fases se ven claramente en el Mandala del Rave. Las observamos al dividir el círculo en 4 cuartos y vamos siguiéndolo en sentido anti-horario. Estos son: el Cuarto de la Iniciación, el Cuarto de la Civilización, el Cuarto de la Dualidad y el de la Mutación.

Las cuatro puertas que encabezan las 16 que contiene cada uno de los cuartos son las que forman la Cruz de Ángulo Derecho de la Esfinge. A mitad del cuarto nos encontramos con una de las cuatro puertas que forman la Cruz de Ángulo Derecho del Receptáculo del Amor. Es sobre estas puertas que recae la cualidad del amor inherente al propósito de cada cuarto. La última puerta del cuarto es una de las cuatro que forman la Cruz de Ángulo Derecho de los 4 Caminos. Es decir que la dirección viene dada al comienzo para recorrer un camino (de cuatro) en el que el magnetismo del amor atrae aquello que sirve al propósito.

 

 

Cada uno de los cuartos encuentra su complemento en el cuarto opuesto. Del mismo modo, cada puerta encuentra su complemento en la puerta opuesta. Tal y como vemos en las imágenes más abajo; el cuarto de la dualidad es complementario al de iniciación y el de mutación al de civilización, y viceversa. Vamos a darle un vistazo por lo que es.

Comenzamos entonces con el Cuarto de Iniciación. El propósito de este cuarto se realiza a través de la mente. Su propósito es, de hecho, la expansión del horizonte mental, el aprendizaje a través de la inteligencia de la mente.

Comienza en la puerta 13: La Comunidad con los hombres, la puerta del escuchar y llega hasta la puerta 24: El Retorno, la puerta de la racionalización. Vemos que el inicio y fin de este cuarto, así como en los otros, son de por sí reveladores. La expansión del horizonte mental es el camino que va en la dirección de la comunión con los hombres. Desde el escuchar hasta la racionalización.

Esta simple observación evidencia hasta qué punto la mente es un pasajero; un observador que aprende plantado en el amor por todo lo que existe y por todo lo que ve… con los ojos de un recién nacido. Nacemos para renacer muchas veces.

 

 

El siguiente cuarto es el Cuarto de la Civilización, cuyo propósito se realiza a través de la forma. Va desde la puerta 2: El receptivo, la puerta del conocimiento superior hasta la la puerta 33: La Retirada, la puerta de la privacidad. Vemos entonces que la dirección de la forma del individuo es receptiva al mundo y a la civilización; a través de este camino y enclavado en el magnético amor a la humanidad, el individuo transita extremos en la dirección que potencia su saber. Luego se retira para recordar la experiencia pasada. En la forma comienza la maduración, pero la vida sigue su curso…

 

 

Llegamos al Cuarto de la Dualidad, el cuarto en el que el propósito se realiza a través de los vínculos. Comienza en la puerta 7: El Ejército, la puerta del rol del ser en la interacción y llega hasta la puerta 44: Ir al encuentro, la puerta de estar alerta. Lo que nos dice que la dirección del ser en este cuarto es la de la interacción con el otro. El ser –en su rol– se dirige determinado a triunfar hacia el necesario y fértil encuentro con el otro. No deja de estar alerta del peligro que el vínculo conlleva; pero, aun así, lo hace deseando compartir el amor. Nos relacionamos a través del cuerpo y amamos al cuerpo como templo de nuestro espíritu.

Así es como el ciclo tiene continuidad en el Cuarto de Mutación, en el cual el propósito es realizado a través del espíritu. Es el cuarto de la transformación, al que también hacemos alusión como el cuarto de la muerte. La primera de sus puertas es la puerta 1: El Creativo, la puerta de la auto-expresión. La última es la puerta 19: El Acercamiento, la puerta del querer. La dirección del ser es expresarse desde el amor al propio ser y al ser en el otro. Se dirige hacia la autoexpresión desde su unicidad, desde su propio espíritu. Centrado en su identidad y potenciando su comportamiento único y diferenciado. Pisando con sensibilidad el camino que transita hacia la muerte.

¡Buenos deseos!

Como última nota voy a comentar que el comienzo de cada ciclo anual está, de hecho, en la puerta 41. La puerta 41 se llama La Liberación, la puerta de la contracción; es lo que llamamos el Año Nuevo del Rave (alrededor del 21 o 22 de enero de cada año. La puerta 41 pone en mayúscula la primera letra de la primera palabra de la nueva oración que se escribe en las páginas de nuestra vida. Es una puerta de presión. Es la presión del deseo de compartir la experiencia. Está en el cuarto de Mutación,  el cuarto del Espíritu (el último de los cuartos que he descrito tan brevemente). Bello, ¿verdad? Es en el cuarto de la muerte donde encontramos el inicio del nuevo ciclo. Con la muerte nada desaparece, sino que todo se transforma.

En los caminos, ¡ámate!

 

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